En 2016, mi vida cambió para siempre con la pérdida de mi madre a causa del cáncer de colon. Ella ya había luchado contra el cáncer de seno años atrás, y esta vez, el dolor en su colon se reveló como una nueva batalla que no pudo ganar.
Mi trabajo en informática, junto a mi esposo, es exigente. Meses de trasnochos y estrés constante, desarrollando páginas web para clientes internacionales y aplicaciones móviles, nos mantenían en un ciclo de trabajo sin horarios fijos. En noviembre y diciembre de 2023, la carga de trabajo se intensificó con un aluvión de clientes. Aunque no puedo asegurar que el estrés fuera la causa de mi cáncer, sospecho que pudo haber contribuido.
Siempre he sido una persona activa, disfruto de salir, tomar una copa y fumar un cigarro de vez en cuando. En enero de 2024, decidí empezar a ir al gimnasio, ya que mi trabajo sedentario me había hecho ganar peso. Al principio, todo iba bien, pero un día, mientras hacía pesas, sentí un dolor intenso en los pectorales. Al tocarme, descubrí un bulto duro en la parte superior de mi seno derecho. Debido a una cirugía en mi mano derecha tras un accidente en 2012, no siento bien esa zona, por lo que no me había percatado del bulto antes.
Inquieta, le pregunté a mi entrenadora, quien al examinarme, me dijo que no era un músculo y que debía ir al médico. Ese mismo fin de semana, en una fiesta de cumpleaños, una amiga de mi amigo me contó su experiencia con el cáncer de seno. Ella me examinó y me dijo que tenía un bulto grande y que debía hacerme una mamografía. Al día siguiente, sin esperar a que un doctor me viera, me fui a una clínica y me hice la mamografía.
Luego, fui a un hospital privado y me examinó un mastólogo. Sus palabras fueron un golpe: la probabilidad de cáncer era del 90%. Me hicieron una ecografía mamaria y otros exámenes. Salí del hospital devastada, y mi esposo, aunque también se entristeció, mantuvo la calma y la practicidad. Empezamos a buscar médicos y a investigar las opciones de tratamiento.
Un oncólogo reconocido, a quien encontramos en Google, nos recomendó hacer los exámenes por fuera y obtener un diagnóstico para que, al llegar al hospital oncológico público (Neoplásico), mi ingreso fuera más rápido. Su recomendación fue acertada, ya que el sistema público es lento y el cáncer no espera. Nos hicieron una biopsia, que fue muy costosa, y luego esperé con angustia los resultados.
Cuando el doctor confirmó que tenía cáncer, me hundí en la depresión. Pero mi esposo me animó a seguir luchando. El doctor, al recibir los resultados, me dijo que fuera al Neoplásico con los informes para que me hicieran la historia clínica de inmediato.
Llegué al Neoplásico ese mismo día y me dieron cita para la semana siguiente. Me hicieron más exámenes, una resonancia magnética (que me hice por fuera debido a las largas esperas en el hospital), y placas. Pasó un mes entre citas y exámenes. En mi siguiente cita, la doctora me dijo que no podían empezar mi tratamiento porque aún no habían llegado los resultados de las biopsias. Desesperada, le expliqué que necesitaba el tratamiento de inmediato, ya que temía que el cáncer se propagara. Finalmente, la doctora me mandó a mi primer tratamiento de quimioterapia.
Después de seis quimioterapias, que me hicieron perder el cabello, las cejas y las pestañas, me preparé para la cirugía. Mientras me preparaban para la operación, me pusieron un tratamiento de mantenimiento con un medicamento llamado Trastuzumab. Me operaron el 3 de octubre y me dieron de alta el 4 de octubre. La semana siguiente, me hicieron un análisis de sangre y una consulta con medicina general. Me mandaron un nuevo tratamiento de mantenimiento con pastillas e inyecciones inhibidoras de hormonas. El mismo día, me hicieron la cura y el tratamiento de mantenimiento, que es como una quimioterapia suave.
Actualmente, tengo consultas con un psicólogo, un psiquiatra y un cardiólogo. Pronto me harán una revisión para determinar si necesito radioterapia. Seguiré contando mi historia a medida que avance mi recuperación.
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