El cáncer de mama es una realidad para muchas mujeres, pero la detección temprana es clave para un tratamiento efectivo.
Conócete a ti misma:
- Autoexamen: Dedícale unos minutos cada mes a observar tus senos, buscando cualquier cambio en su tamaño, forma, textura o color. También fíjate en si hay bultos, hundimientos o descamación en la piel.
- Mamografía: Es una radiografía que detecta cambios microscópicos en los senos. Se recomienda una mamografía anual a partir de los 40 años, o antes si tienes factores de riesgo.
- Ecografía: A través de ondas sonoras se crean imágenes detalladas de tus senos, útiles para evaluar bultos o áreas sospechosas.
- Resonancia magnética (MRI): Imágenes detalladas de los senos, especialmente útil para mujeres con alto riesgo o para evaluar áreas sospechosas.
Si hay algo que te preocupa:
- Visita a tu médico: Un examen clínico de tus senos por un profesional te ayudará a detectar cualquier anomalía.
- Biopsia: Se extrae una pequeña muestra de tejido para análisis microscópico, la única forma de confirmar si hay cáncer.
Después del diagnóstico:
- Estadificación: Se realizan pruebas para determinar la extensión del cáncer, lo que ayuda a planificar el mejor tratamiento.
Recuerda:
- Cualquier cambio en tus senos debe ser revisado por un médico.
- La detección temprana aumenta las posibilidades de éxito en el tratamiento.
- No dudes en buscar una segunda opinión si tienes dudas.
¡Tu salud está en tus manos! No dudes en buscar información y tomar medidas para protegerte.
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